Se requiere consenso
Pregunta de Siobhain McHale:
Resulta necesario fijar políticas y procedimientos si ha de permitirse a un paciente internado conservar su bomba de infusión de insulina mientras permanece en el hospital.
¿Existen hospitales que cuenten con políticas y procedimientos que permitan a los pacientes conservar sus bombas de infusión de insulina y utilizarlas durante su estancia en el hospital? ¿Existen precedentes o investigaciones que respalden esta práctica o hay bibliografía que indique si esto sería muy arriesgado?
Respuesta de Irl B. Hirsch, MD:
A medida que aumenta el uso de la bomba de insulina, no sólo en los Estados Unidos sino en todo el mundo, este tema recibe cada vez más atención. Actualmente, no hay estándares que determinen cuál es la mejor manera de abordar la terapia de infusión continua de insulina (CSII) en el ámbito hospitalario. Notablemente, no existen ensayos clínicos aleatorizados (al menos que yo tenga conocimiento) que usen la terapia CSII en pacientes externos que reciban terapia de bomba y evaluar los resultados consiguientes cuando continúa utilizándola.
La situación es complicada debido al grado de enfermedad (y de conocimientos) del paciente y por lo tanto al nivel de potencial para su autocuidado y el nivel de confort con la terapia de insulina en general y con la CSII en particular por parte del médico tratante. A menudo, el médico interviniente en el hospital tiene poca o ninguna experiencia con la terapia CSII lo que complica aún más lo que debería ser una buena práctica. Por encima de todos los temas referidos al paciente en el ámbito hospitalario, existen otros puntos a considerar respecto del paciente en el quirófano si el anestesista no está familiarizado con la terapia CSII.
En virtud de todos estos antecedentes, cada hospital debe contar con una política escrita acerca de cuál es la mejor forma de manejar a los pacientes en el uso de la terapia CSII. Existen diversas opciones posibles. En mi hospital, por ejemplo, si el paciente es capaz de automanejar su diabetes simplemente le permitimos administrar la insulina y la enfermera registra todas las inyecciones en la historia clínica. Otros hospitales exigen la derivación automática a un endocrinólogo o equipo endocrinológico (que a menudo incluye una enfermera o un practicante de enfermería con experiencia en CSII). También he visto que las políticas hospitalarias exigen al paciente quitarse la bomba y pasar a las inyecciones múltiples (a menudo una mentalidad “de escala descendente" sin insulina programada). Obviamente, esta alternativa está condenada al fracaso. Si la decisión es detener la bomba y cambiar a las inyecciones múltiples, como mínimo la insulina basal (glargina o detemir) y la insulina prandial (analógo de acción rápida) deberá ser igual a las dosis aproximadas utilizadas con la bomba.
Esta opción merece mayores estudios pero debido a esta variabilidad en la comprensión de la insulina y de la terapia CSII, es probable que cualquier estudio sea difícil de interpretar en el “mundo real".